jueves, 18 de agosto de 2011

Prudentiam laudatis

Detente un momento, observa y escuchate:
Decidistes en tiempos poner fin a tu trayectoría errática después de los últimos grandes batacazos. Te distes cuenta a tiempo, aquello no iba contigo, no formaba parte de ti, te habías traicionado a ti mismo. Todo esto ya lo meditastes adecuadamente en su momento y le pusiste fin sacando limpiamente el puñal y cosiendo la herida. Ahora toca reflexionar de nuevo, tu comportamiento, tu autocontrol, tu forma de actuar, algo está fallando, algo parece no encajar, tu mismo sabes bien en que consiste, asique ahora que estás a tiempo y aun lo puedes evitar, ¡póngale remedio de inmediato! si cruzas la línea puedes caerte al precipicio y estrellarte, y te costará horrores levantarte. Evitate el porrazo, frena en seco y gira. Si no quieres volver a perder, no arriesgues todo moviendo ficha en balde. Respira y ahora que te has aclarado contigo mismo reanuda el camino.

Volviendo al tema que de verdad me preocupa, veo el vínculo apagarse lentamente, debo actuar, pero no se como, o por donde cogerlo. Está ahí, aun no se ha ido, el trato sigue siendo el mismo, o eso parece, por lo menos de cara a cara. Por la única vía en la que mantenía una conversación, ella empieza a mostrarse distante, un tanto más seca. Algo no va bien, o será mi impresión. Me aferro a los clavos que aun se mantienen. No me gustaría volver a pasar por lo mismo otra vez.

Por lo demás mi realidad empieza a difuminarse ligeramente, se acercan cambios, aun no puedo asegurar hasta que punto de significativos. Predominan las apariencias últimamente, hay que saber mirar a través de ella y descubrir lo que esconde, aunque te lleves una sorpresa, (incluso podrías no ver nada nuevo). Nunca se sabe, hay que mantenerse atento y ojo avizor.




2 comentarios:

  1. ¿Sí?

    Lo segundo es más personal, si cabe.

    Todos cometemos errores, aprendemos de ellos y en la medida de lo posible los enmendamos.

    ResponderEliminar